Segundo Reich Aleman y sus desafíos

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La Alemania del segundo Reich

El 18 DE ENERO DE 1871, ALGUNOS meses antes de la derrota de Francia en la guerra francoprusiana de 1870 – 1871, tuvo lugar la unificación alemana bajo el nombre de Imperio alemán (.Deutsches Reich), que pasará a la historia como el Segundo Reich alemán (el Primer Reich fue el Sacro Imperio Romano Germánico, del siglo x al xix; y el Tercer Reich será el fundado más adelante por Adolf Hitler). 
El nuevo Imperio estuvo formado por 25 Estados más las regiones de Alsacia y Lorena, recién tomadas de manos de los franceses, y al frente de su gobierno se puso al rey de Prusia, Guillermo I, que recibirá el título de káiser.
Pero el verdadero artífice de esta unificación fue el primer ministro Otto von Bismarck, que a partir de entonces recibió el cargo de canciller del Reich.
Conocido como el “canciller de hierro”, Bismarck gobernó Alemania casi de forma dictatorial, aunque siempre sin superponerse a las formas democráticas de la Constitución que regía al Imperio. Su proyecto de unidad nacional se basó tanto en desarrollar las políticas necesarias para lograr la unificación económica, jurídica y financiera de los distintos Estados, como en crear un ejército alemán poderoso.
Su política exterior (“la paz armada”) se basó en conseguir el aislamiento de Francia (y evitar así su afán revanchista), lo que consiguió gracias al establecimiento de una importante alianza con Austria, Rusia e Italia. Sin embargo, al contrario que la mayoría de las grandes potencias europeas, Bismarck no apostó por ampliar el territorio del Reich con la conquista de nuevas colonias en otros continentes, lo que le valió su enfrentamiento con el nuevo emperador, Guillermo II, que había accedido al trono en 1888.
Guillermo II hizo dimitir a Bismarck en 1890, y a partir de entonces inició una política expansionista y colonial a gran escala. Respaldado tanto por el gran desarrollo económico del país como por la potente industria bélica, se hizo con el poder de territorios coloniales tanto en África, como en Asia y Oceanía.
Guillermo II poseía unas ambiciones imperialistas ilimitadas, y soñaba con una gran Alemania que controlara toda la Europa central. Su aspiración le llevó pronto a romper el equilibrio de las alianzas que había conseguido Von Bismarck, e inició una serie de acciones que provocaron tensiones y recelos entre las grandes potencias. 
Por ejemplo, no renovó el tratado de seguridad con Rusia e inició un ambicioso programa para construir una flota naval capaz de competir con la británica.
Aunque quizás el momento más tenso se vivió cuando en 1911 el káiser envió un cañonero al puerto de Agadir, en Marruecos, para minar las pretensiones de Francia sobre el país. Aunque el incidente se solucionó con la cesión de una parte del Congo a Alemania, la tensión militar era cada vez mayor.

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