Se inicia la guerra de trincheras

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Se inicia la guerra de trincheras

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EL desarrollo de las distintas batallas durante 1914 dejó patente la imposibilidad de conseguir una victoria rápida gracias al desplazamiento y avance veloz de las tropas. La sorpresa de un ataque relámpago había fracasado, con lo que la guerra de movimientos condujo hacia una guerra de trincheras.

Y es que una vez estabilizados los frentes, ambos contendientes iniciaron la construcción de líneas defensivas, cuya protagonista principal será la trinchera (las primeras se construyeron de forma casi espontánea en Ypres, en 1914, pues se cavaron zanjas para unir entre sí los cráteres creados por las bombas).

Aunque la vasta extensión del frente ruso pospuso la llegada de este sistema defensivo, la escasa longitud del frente occidental facilitó rápidamente el atrincheramiento de las tropas. Al contrario de la guerra de movimientos, la construcción de trincheras era un sistema básicamente defensivo, que se llevó a cabo para impedir que el enemigo avanzara, que en cierto modo es lo que pasó desde entonces hasta casi el final de la guerra.

Ambos bandos construyeron frente a frente, separados solo por unos escasos kilómetros (a veces incluso apenas un centenar de metros), largas trincheras que estaban defendidas por artillería pesada y ametralladoras, además de amplias barreras de alambradas.

Para tomar una trinchera, el bando atacante bombardeaba con la artillería pesada la zona enemiga mientras enviaba a la infantería a la carga; una vez la infantería se hallaba cerca del enemigo, la artillería cesaba, para no dañar a sus hombres, que entonces debían enfrentarse a las alambradas primero, luego al fuego de las ametralladoras y finalmente a la carga de la infantería enemiga, que salía también de sus trincheras para frenar el avance de su oponente

Trincheras de la Primera Guerra Mundial en Fort Douaumont, cerca de Verdún.

El resultado casi siempre fue igual de desastroso, pues ninguna acción ofensiva logró la victoria, y por el contrario se conseguían indefectiblemente sangrientas masacres.

Para la carga contra las trincheras enemigas se empezaron a utilizar aviones, cuyas primeras labores de observación fueron sustituidas por las de bombardeo, aunque no de un modo tan sistemático y organizado como lo sería en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo.

Sobre el campo de batalla, las armas de asalto de la infantería eran el fusil, siempre con la bayoneta calada, y las bombas de mano. Más adelante aparecieron los lanzallamas, los gases asfixiantes e incluso los tanques, pero ninguna de estas nuevas armas fueron suficiente para romper los sistemas de trincheras.

El sistema defensivo de las trincheras resultó tan efectivo que los estrategas alemanes se dieron cuenta de que para mantener al enemigo a raya no era necesario un gran número de tropas, con lo que pudieron destinar una parte de ellas para enviarlas al trente oriental con el fin de luchar contra los rusos.

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