Europa y Alemania tras la primera guerra mundial

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Europa y Alemania tras la primera guerra mundial.

EL TRATADO DE VERSALLES, FIRMADO el 28 de junio de 1919 en la pequeña ciudad francesa, impuso más condiciones muy duras a Alemania: la devolución de Alsacia- Lorena a Francia, con la concesión del derecho de explotación, durante 15 años, de la cuenca minera del Saar; la evacuación de Bélgica; la cesión a la nueva Republica de Polonia de las tierras habitadas por poblaciones de origen polaco (como la Posnania); y la renuncia a todos sus dominios coloniales.

También se establecieron límites a las dimensiones de las fuerzas armadas y se instauro una comisión para el cálculo de las compensaciones que Alemania debía pagar a las principales potencias Vencedoras. Con el tratado se ponía oficialmente punto final a la Primera Guerra Mundial. 

Tras su derrota en la contienda, en Alemania se constituyó la Republica de Weimer. Su nombre proviene de la cuidad donde se elaboró su constitución

(En 1919) y represento un modelo de la democracia para toda Europa: la constitución preveía el sufragio universal masculino y femenino, la elección directa del presidente de la Republica y la responsabilidad del gobierno frente al Parlamento (que, tras la guerra, estaba compuesto por tres partidos principales: los socialdemócratas, los católicos moderados y los liberales de izquierda).

Sin embargo, y a pesar de la Constitución de Weimar, las tenciones internas se hicieron cada vez más evidentes entre la población. Así, cuando se hicieron públicas las reparaciones  de guerra a las que Alemania debía hacer frente como consecuencia del Tratado de Versalles, una ola de protestas sacudió todo el país.

Los grupos nacionalistas de extrema derecha, entre los que empezaba a despuntar el Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler, desencadenaron una ofensiva terrorista contra la clase política republicana que se había plegado a las decisiones de los vencedores. Los primeros gobiernos de coalición pagaron las primeras cuotas de las reparaciones bélicas, pero procurando a la evitar a la vez la aplicación de medidas drásticas sobre los impuestos y sobre el gasto público.

Esta política produjo una espiral de inflación en los precios que, al poco tiempo, condujo a una inevitable devaluación del marco alemán.

Por su parte, tras la Primera Guerra Mundial el resto de Europa también quedo sumiso en un estado de derrumbe y crisis económica, sin duda agravada por la Gran Depresión que, a partir del crack bursátil de 1929, afectara a todas las principales potencias occidentales, Estados Unidos incluido.

La escasez, de recursos, el aumento del paro y hambre fueron sin duda elementos que ayudaron a la población del viejo continente a dar oídos a los cantos de sirena que prodigaban ciertos partidos de raíz totalitaria.

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